El gobierno nacional apela al conflicto para desarmar al enemigo ideológico y seguir como si nada

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Adorni realizó un descargó sobre las denuncias que pesan sobre él y convirtió la rueda de preguntas en un show de cinismo buscando humillar a los periodistas. La confrontación como política del caos.
El gobierno nacional apela al conflicto para desarmar al enemigo ideológico y seguir como si nada
Por Patricia Barral
(Villa Gesell, 25 de marzo 2026) Seguir con atención la conferencia de prensa que cerca del mediodía ofreció Manuel Adorni, actual jefe de Gabinete de Milei y su ex-eterno vocero en la Casa Rosada, fue ciertamente una experiencia difícil de atravesar en silencio y manteniendo la compostura. Pero es un ejercicio necesario, ya que pareciera que este es un gobierno que busca justamente provocar para generar griterío y ofensivas brutales. Sin embargo como sólo soy periodista (me diría Adorni) y no psicóloga y menos psiquiatra, no opino (ponele).
El ejercicio de la profesión me habilitaría, si por este funcionario fuera, sólo a informar. Para ellos el análisis periodístico sería algo subjetivo y malintencionado si va contra sus ideas. Lástima. Lo haremos a su pesar porque aunque la haya careteado y canchereado como columnista en algunos medios, Adorni es sólo contador público de la UADE. De modo que no está habilitado profesionalmente para indicarle a ningún periodista cómo hacer su trabajo, cosa que intentó con los peores modales durante la conferencia que dio.
Mientras lo veía recordé que a Cristina Fernández de Kirchner la tildaban de soberbia porque algunas veces levantaba el dedo cuando hablaba o por su tono «imperativo» cuando ofrecía sus opiniones, pareceres, conclusiones o decisiones políticas. Pero Cristina nunca (a menos que me falle la memoria) destrató o insultó a un periodista; nunca eso formó parte de sus prácticas cotidianas con la prensa. Sí recuerdo que cuestionaba «al medio para el que vos trabajás». Cristina nunca jamás le exigió a un periodista que le pidiera disculpas públicas por alguna de las mentiras, ofensas, humillaciones o barbaridades que decían de ella o de sus hijos. Adorni este mediodía lo hizo con el periodista de MDZ, Nicolás Gallardo, de una forma inmoral.
A Jorge Capitanich (Jefe de Gabinete de la ex presidenta) lo destrozaron por haber roto en vivo una tapa de Clarín durante una de sus ruedas de prensa mañaneras.
A Amado Boudou, ex director de Anses y vice de CFK, que nos hizo recuperar el sistema previsional, le dedicaron salvajes tapas también en Clarín, a diario durante casi 2 años por los papeles de un auto.
Por eso lo de Adorni de este miércoles fue para mirar con una caja de reliverán al lado.
Manuel Adorni viene de una seguidilla de denuncias por hechos reñidos sin dudar con el slogan de Mieli de «la moral como política de Estado» instalado payaséscamente en el Congreso de la Nación el 1° de marzo. Todavía no está claro por qué llevó a EEUU en el avión presidencial a su mujer que no tiene ningún cargo ni función en el Gobierno pero sí aparentemente tendría contratos poco claros con diversos organismos a través de triangulaciones. Ni cómo pagó el viaje durante el Carnaval en jet privado a Punta del Este con su familia y su amigo Grandío, aparente socio y contratado de la TV Pública. Y menos está clara su situación patrimonial, los gastos que hace y las propiedades que tiene.
Pero para Adorni esas son cuestiones de su vida privada, o mentiras de la prensa para perjudicar al Gobierno o cuestiones que están en la Justicia y por tanto él no tiene nada que aclarar. Así lo dejó claro hoy con todas las letras y sus pésimos modales.
Ya durante la campaña de las presidenciales del 2023 empecé a sostener que para entender a Javier Milei y a su entorno más íntimo no hay que escuchar a los analistas políticos o a periodistas especializados sino que hay que acudir y escuchar a profesionales de la psicología y/o la psiquiatría. Pero desde la perspectiva periodística parece cada vez más patente que este es un gobierno que se retroalimenta del conflicto; que cuánto más se descubren y denuncian sus hechos de corrupción a la luz de todos, más se envalentona y ataca con una ferocidad y una soberbia que no se había visto nunca. Un psicólogo o psicóloga sin dudar diría que tienen las características de las personas que gozan (no disfrutan, gozan) con la pelea y la violencia y que se mueven como peces en el agua en la tensión permanente y la confrontación.
Eso fue lo que hizo Adorni: confrontar, humillar a los periodistas que le preguntaron sobre esas irregularidades denunciadas. Intentó someterlos con un cinismo certero, pero grosero y vulgar. «Con mi dinero hago lo que quiero», dijo. El problema parece ser que aunque él diga que todo es falso, no aparecen hasta ahora las pruebas que avalen su aumento patrimonial y los manejos de recursos en sus operaciones «de la vida privada».
Respondió con un desparpajo inaudito para un funcionario con el nivel de denuncias acreditadas que él carga; con un nivel de insolencia y falta de respeto digno de este grupo de personas que aprovecha el caos, la violencia, la vulgaridad, la grosería y el griterío para desorientar,
que convierte todo eso en su campo de batalla donde desarma al enemigo ideológico y sigue como si nada.
El mismo Javier Milei lo hace permanentemente cuando algo lo acecha. Pasó con las denucias del 3% de coimas en las Andis para su hermana. Con las relaciones con narcos de José Luis Espert. Y ahora con la megaestafa de los criptoactivos de $Libra en la que está vinculado directamente y a la vista. Todas mentiras dicen. Y a ellos hay que creerles porque sí.
La lista de irregularidades es muy extensa, pero los gritos y el caos además de la cobertura mediática «con tal de que no vuelva el kirchnerismo», todavía apasiguan los síntomas.
Sin embargo el cuerpo muestra cada día más signos de enfermedad aunque aplaquen esos síntomas. Y sin dudas la enfermedad que crece por dentro, se paga. No hay forma de que terminen bien.

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